Dusk consta de series de retratos de familias de raza negra en un escenario que los lleva de vuelta al inicio del siglo XX. Todos los elementos en estas fotografías son oscuros en sus tonalidades: lo muebles, las estatuas, paredes, cortinas, suelos y sus atractivos habitantes, que, sin embargo, parecen tener miradas perdidas y temerosas; un resentimiento o cierta inquietud con respecto a su entorno.
En contraste, Dawn presenta seis imágenes blancas, en su temperatura, mobiliario y vestuario de los personajes, también de raza blanca. Estas imágenes transmiten también inquietud; incluso malestar, pero dejan abierta al espectador una interpretación que va más allá de eso.
Estas fotografías, por su cuidado estético y su profundo contenido, son, además una experiencia visual, en lo que radica la maestría de Olaf. Los mundos fantásticos presentes en su fotografía nos remiten a la ciencia ficción: tan ajena y tan familiar.

